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Arquitectura

Un edificio en movimiento


"Torre Espacio debe su peculiar forma a un impulso: el deseo de demostrar algo, de dar le vida a lo inerte, de hacer movible lo inamovible...
 "

LAS TORRES, CREADORAS DEL PERFIL URBANO

La silueta que dibuja una ciudad en el horizonte es la más rica ilustración de que el límite entre la tierra y el cielo es un espacio fértil capaz de ser colonizado. La voluntad del ser humano tiene la capacidad y el privilegio de diseñar un horizonte a través del cual trabar la tierra con el cielo.

"A partir de la Torre de Babel, las fantasías de los constructores han sido más verticales que horizontales. Frank Lloyd Wright, crítico cáustico de las ciudades, proyectó pese a ello un rascacielos de una milla de altura, y cuando los futuristas proclamaron un mundo nuevo y lleno de energía, lo concibieron en forma de torres aerodinámicas que se elevaban hacia los cielos. Estas visiones ardientes, plenas de orgullo y prejuicio, han liberado a los talentos y los egos arquitectónicos del mandato de la razón y la responsabilidad.”

El rascacielos. La búsqueda de un estilo. Ada Louise Huxtable

A lo largo de la historia, las torres han servido como herramienta arquitectónica fundamental en el empeño por hacer distinguible el contacto vertical que une a lo divino y a lo terrenal. La formación del perfil urbano o skyline, que traducido literalmente del inglés significa la “línea del cielo”, es un proceso acumulativo, dinámico y constante, que se transforma y se revela permanentemente como algo vivo y no como un simple resultado de azares adquiridos del pasado.

Por ejemplo, el perfil urbano del Londres que Canaletto retrató a principios del siglo xviii estaba dominado por diversas torres de las numerosas parroquias y ayuntamientos, campanarios y cúpulas que sobresalían en altura y se hacían identificables al otro lado del río Támesis. Un siglo más tarde, la revolución industrial transformó ese panorama de relevancia religiosa y cívica en el de una ciudad moderna, industrializada, de maquinarias pesadas y producciones masivas. Los campanarios, torres y cúpulas se vieron sustituidos por torres humeantes, por una gama de chimeneas que señalaban la industria y con ella el progreso y la prosperidad.

Actualmente, ese perfil industrial se ha visto reemplazado por nuevas torres habitables, esas que llamamos rascacielos, y que albergan usos residenciales pero sobre todo comerciales. Así como en Londres, la mayor parte de las grandes ciudades en todo el mundo continúan modificando su perfil, de manera que el paisaje urbano que vemos hoy es producto de una contemporaneidad que contiene en ella el pasado.

El término rascacielos (en inglés, skyscraper) se acuñó alrededor de 1890, en Chicago, para designar a las grande torres de oficinas. Fue allí donde, a finales del siglo xix, se empezaron a construir ese tipo de estructuras y se introdujeron por primera vez en la historia nuevos materiales y técnicas para su ejecución. En esos años y en esa ciudad, tal y como explica Huxtable, “se dio una singular combinación de industrialización, actividad económica y suelo que hizo posible la aparición de un nuevo y característico tipo constructivo: el rascacielos estadounidense de oficinas”.

A principios del siglo xx, otras ciudades en plena efervescencia, especialmente Nueva York, adoptaron con celeridad el llamado “estilo Chicago” en sus edificios comerciales. Europa seguía con escepticismo los resultados de estas primeras fases de la evolución del rascacielos, promovida por la primera escuela de Chicago, para dar forma al cambio cultural que vivía la ciudad. Sin embargo, hoy el rascacielos –la utopía de alcanzar el cielo y la razón que hay detrás de ella, que no es otra que la de optimizar el uso del suelo y del transporte público– ha sido incorporado en todas las operaciones urbanísticas europeas más relevantes. Tal es el caso de CanaryWharf en Londres, la Défense en París o la prolongación del Paseo de la Castellana en Madrid, en la que se enmarca Torre Espacio.

El skyline, lo que los alemanes llaman “el retrato de la ciudad” y que el historiador Spiro Kostof define como la “firma de la ciudad”, es la impronta inequívoca con la que se identificará el Madrid del mañana, es el trazo con el que se dibuja una asociación directa de identidad económica, social, cultural y urbana.

EL RASCACIELOS COMO CIUDADANO

“La arquitectura es siempre sueño y función, expresión de una utopía e instrumento de conveniencia”. Este doble significado que atribuyó al arte de la arquitectura el escritor y semiólogo francés Roland Barthes se manifiesta de manera especialmente intensa en las torres de oficinas, debido a la prominente situación de los edificios en altura dentro de la estructura espacial de la ciudad. El rascacielos, tan contemporáneo como controvertido, se impone como presencia dominante en la esfera pública de la ciudad, pero en su esencia es un edificio de carácter privado y prácticamente inaccesible para la mayor parte de la ciudadanía. De este modo, a pesar de su eficacia como estandarte del logro corporativo o empresarial, el edificio en altura parecería nacer condenado al estatus de monumento sin significado y símbolo sin sustancia: una construcción enorme, impenetrable e inhumana que, por su volumen y forma, puede ser considerada una intrusa en el conjunto del paisaje urbano.

La vida del arquitecto norteamericano Henry Nicholas Cobb está unida a este tipo de edificios, en los que la funcionalidad y el sueño actúan cada uno en su propia esfera –una pública y otra privada– y según sus propios dictados. Nacido en Boston (EEUU), autor entre otros muchos proyectos de una treintena de importantes rascacielos en ciudades de todo el mundo, diseñados bajo la firma de arquitectura Pei Cobb Freed & Partners, Cobb ha perseguido de forma incansable la humanización de las torres de oficinas. A lo largo de cuarenta y cinco años de dilatada y fructífera carrera, ha querido superar la vacuidad que ha hecho de estas torres edificios anodinos y ha buscado fórmulas y soluciones para conferir a sus rascacielos la categoría de “buenos ciudadanos”.

La búsqueda de Cobb por “civilizar” a las torres de oficinas encuentra sus orígenes en sus años de estudiante en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Harvard, bajo el programa dirigido por el arquitecto, urbanista y diseñador alemán Walter Gropius, fundador de la Bauhaus, siendo Henry Cobb uno de los poquísimos arquitectos todavía en activo que tiene el privilegio de haber sido alumno de este padre de la modernidad. A diferencia de los métodos pedagógicos tradicionales, la pedagogía del movimiento moderno que practicaba Gropius se basaba en proteger al estudiante de la influencia de todo lo anterior, para así despejar el camino y crear lo que se pretendía que fuera una nueva arquitectura total liberada de la tiranía de los estilos muertos, una arquitectura en la que, para beneficio de la humanidad, el arte, la tecnología y el propósito social formarían un todo. El máximo ejemplo de este propósito revolucionario es el Plan Voisin de 1925 de Le Corbusier, en el que proponía acabar con el centro histórico de París, exceptuando unos pocos monumentos, y reemplazarlo con una serie de torres en forma de cruz situadas en un amplio espacio verde, plan que nunca se llevó a cabo. Esta visión transgresora hechizó a la generación de estudiantes de arquitectura a la que pertenece Cobb, quien en su primer gran proyecto –la torre del Royal Bank de Canadá, ubicada en Montreal–, siguió enteramente las líneas de la concepción modernista para el edificio en altura: era un edificio autónomo, autorreferencial, conformado íntegramente por sus propias necesidades y sistemas internos; además, ocupaba 28.000 m2 de terreno sobre la estación ferroviaria de Montreal, lo que brindaba la oportunidad de un reordenamiento radical de los sistemas espaciales, volumétricos y circulatorios de la ciudad. De este primer trabajo destaca la forma en que la torre se encuentra no con el cielo, sino con el suelo: una inversión levitacional de sólido y vacío que preconiza la que será la preocupación principal de Henry Cobb sobre los rascacielos: cómo pueden construirse para dar forma al espacio de la ciudad.

Casi veinte años después de finalizar este primer proyecto en Canadá, en el año 1981, durante su conferencia inaugural como decano de la Escuela de Arquitectura de Harvard, Henry Cobb volvió a referirse a esta idea central en el diseño de sus torres de oficinas al citar otro de sus proyectos emblemáticos, la torre John Hancock de Boston: “Adoptamos una estrategia de minimalismo en el diseño de la torre Hancock no por razones ideológicas, sino porque la ‘situación’ del edificio lo exigía. […] Creíamos que sólo así podríamos atenuar la arrogancia inherente a un edificio tan grande y dotarlo de una presencia que pudiera estimular, más que oprimir, el escenario urbano”.

Diseñada y construida entre 1966 y 1977, la torre John Hancock es probablemente el proyecto decisivo de la carrera de Henry Cobb como arquitecto de torres de oficinas, y también la principal predecesora de Torre Espacio. En palabras del propio Cobb, “su diseño ilustra a la perfección mi visión de que la arquitectura de un edificio en altura es en un 99% lógica y en un 1% arte”. La torre Hancock sirve como un modelo ejemplar dentro de la tipología de rascacielos por el rigor geométrico, la elegancia formal y el respeto contextual que ofrece a la ciudad natal del arquitecto, Boston, en Massachussets, Estados Unidos.

Proyectada para Madrid cuatro décadas más tarde, Torre Espacio se diferencia notablemente de la torre Hancock en cuanto a volumetría; sin embargo, se percibe una actitud recurrente en relación a la preocupación constante y sensible por armonizar la escala monumental del rascacielos con la escala humana del peatón. Cualquier descripción de la forma de la John Hancock debe partir de la planta, ya que su desarrollo vertical no es más que la extrusión y proyección rectilínea de ésta. Su figura entre rectangular y romboidal produce un efecto típico en la arquitectura de Pei Cobb Freed & Partners que consiste en provocar percepciones planas en lugar de volumétricas. Los ángulos agudos de su perímetro esconden inesperadamente alguno de sus lados, dependiendo del punto de vista, logrando así una ilusión perceptiva que convierte al volumen tridimensional en un plano que sin espesor se sobrepone al cielo.

La torre Hancock es un rascacielos prismático, esbelto y solitario, que sirve tanto de referencia urbana como de orientación geográfica. Su contacto con el suelo representa quizá una de sus virtudes de mayor valor arquitectónico. Lejos de imponerse autoritariamente en el delicado contexto donde se erige, reproduce de manera discreta las cualidades del entorno histórico inmediato y con mayor tamaño. La torre se ubica en un punto estratégico de la ciudad, donde conviven en delicado equilibrio Copley Square, la Trinity Church, la Biblioteca Pública y el Hotel Plaza. En su aproximación al espacio urbano, las fachadas de vidrio reflectante hacen que el edificio se desmaterialice y desaparezca en los propios reflejos del contexto preexistente.

Torre Espacio es una transformación volumétrica que pareciera no tener relación alguna con su predecesora. Los rasgos estáticos, cartesianos y puros de la torre Hancock se sustituyen por una progresión dinámica, casi orgánica, a medida que el edificio aumenta en altura. Desde la planta baja, Torre Espacio arranca con una base absolutamente cuadrada pero mientras crece se va reduciendo y transformando su área en planta, y esa reducción genera una curva que es la representación gráfica de la función matemática y = cos x. El cuadrado de la planta baja se transforma gradualmente siguiendo la función coseno, hasta convertirse en la última planta en la intersección de dos arcos de circunferencia de 90º contenidos en el cuadrado original. El movimiento progresivo y continuo de la forma volumétrica tiene consecuencias más que tangibles en el uso de sus espacios. Mientras que la torre Hancock repite la misma forma en cada una de las plantas, Torre Espacio les otorga una forma diferente, logrando algo tan particular y definitorio como que ninguna de sus cincuenta y siete plantas sea igual a otra.

Sin embargo, los temas recurrentes entre Torre Espacio y la torre Hancock siguen siendo los puntos de unión del edificio con el suelo y de reunión con el cielo –los dos aspectos que, en su concepción, aportan las diferentes tipologías de los rascacielos– y la preocupación por el espacio público que éste, como buen ciudadano que se espera que sea, genera. En Torre Espacio, ese fin último de Cobb de “estimular el espacio urbano” se hace aún más evidente que en su predecesora. En las plantas bajas, el edificio se comprime y crea un espacio amplio, abierto y externo, que es prolongación del espacio público y a la vez está contenido por la estructura del rascacielos. A diferencia de la torre Hancock, en donde la interacción pasiva entre torre y espacio público circundante se limita a reflejar lo ya existente, Torre Espacio forma parte activa en su entorno público, ampliándolo, complementándolo y hasta cierto punto, creándolo.

Iniciado con la torre Hancock y culminado con Torre Espacio, ese esfuerzo constante de Henry Cobb por humanizar los rascacielos lo ejemplifican otros dos proyectos de Pei Cobb Freed & Partners: la torre Fountain Place de Dallas y la torre EDF, inaugurada en el año 2002 en La Défense de París. En la primera, finalizada en 1986, Cobb utiliza la técnica de pliegues, que permite explotar las posibilidades sectoriales de la diagonal de doble cuadrado, una característica distinta de la torre Hancock. Al igual que sucede en Torre Espacio, la forma presenta perfiles radicalmente diferentes, cuando se observa desde diferentes puntos de vista, creando la ilusión de que este enorme monolito, de sesenta pisos de altura, se mueve como si ejecutara un baile. Por su parte, la torre EDF es la materialización del esfuerzo constante de Henry Cobb por transmutar la torre de oficinas de presencia autónoma a presencia contingente, deformándola de tal manera que se hace responsable del carácter específico de su contexto urbano. En este caso, la proa del edificio, localizada precisamente en la sesgada línea central del Grande Arche, se corta de tal forma que la torre hace un gesto hacia el monumento histórico frente al que se alza. En la base de esta incisión, una marquesina circular de veinte metros de diámetro crea un lugar de reunión que invita a los transeúntes a detenerse y disfrutar de la vista axial del Grande Arche desde un lugar privilegiado y protegido, debajo del generoso manto de acero inoxidable y cristal. De ese modo, este edificio absolutamente privado –es la sede central de la compañía Electricité de France– se convierte en un espacio público memorable.

Como evolución de las torres Hancock de Boston, la EDF de París y la Fountain Place de Dallas, Torre Espacio responde a la definición de arquitectura que en su día propuso el filósofo Ludwig Wittgenstein: “La arquitectura es un gesto. Y de la misma manera que no todo el movimiento del cuerpo humano es un gesto, tampoco cualquier edificio es arquitectura”. A raíz de estas palabras de Wittgenstein, quien entre 1926 y 1928 ejerció ocasionalmente como arquitecto al proyectar la mansión que su hermana se construyó en Viena, Henry Cobb se pregunta y nos pregunta: “al fin y al cabo, ¿no es la calidad de ese gesto lo que más valoramos cuando hablamos del rascacielos como ciudadano?”.

UN HITO EN LA CONSTRUCCIÓN DE EDIFICIOS EN ALTURA

El trágico atentado del 11 de septiembre de 2001 perpetrado contra el World Trade Center de Nueva York ha hecho de los rascacielos protagonistas de un intenso debate. Las consecuencias que este atentado tuvo en las Torres Gemelas, cuya estructura de acero se desplomó ante los ojos del mundo en muy pocos segundos debido a la acción del fuego, estableció la premisa básica del proyecto de Torre Espacio: la estructura debía tener la máxima resistencia al fuego y, en consecuencia, debía ser de hormigón armado.

Grupo Villar Mir y su presidente Juan Miguel Villar Mir apostaron desde un primer momento por la fiabilidad del hormigón como material estructural, utilizando no sólo el hormigón armado tradicional sino también el de alta resistencia, con el que se construirían las partes clave de la estructura de la torre. Este hecho ha supuesto un hito en la construcción de edificios en altura, tanto en España como en el resto del mundo.

El hormigón de alta resistencia es similar al hormigón tradicional, pero mientras que éste resiste en torno a 300 o 400 kg/cm2, el de alta resistencia alcanza hasta 800 kg/cm2o más con la misma dosificación de cemento; es decir, casi el triple que el hormigón tradicional. A ello se añade el hecho de que Grupo Villar Mir, y en concreto Inmobiliaria Espacio, es pionero en España en el diseño y construcción de edificios con hormigón de alta resistencia, habiendo construido en la costa levantina nueve edificios con estas características desde la década de 1990.

El acero, a pesar de ser el material más utilizado tradicionalmente en la construcción de rascacielos, por ser más liviano y más fácil de trabajar que el hormigón, otorga menos solidez a la estructura del edificio que el hormigón armado, y además el hormigón proporciona una resistencia al fuego incomparablemente mayor y un mejor aislamiento acústico.

Las ciudades asiáticas, protagonistas actuales en la construcción de rascacielos, van por delante en el uso de este material, que comenzaron a emplear arquitectos norteamericanos en la década de 1970 de manera experimental y en edificios de poca altura.

Actualmente, el hormigón se utiliza en todo el mundo y en particular en Estados Unidos, donde tras el 11 de septiembre se ha convertido en el material de referencia en cuanto a seguridad en la construcción de rascacielos. Así, las nuevas “torres gemelas” de Manhattan –la pareja Time Warner Center, obra de David Childs, el arquitecto responsable de la reconstrucción de la Zona Cero–, tienen sus pilares, escaleras y salidas de incendio de hormigón armado. Otro ejemplo son las torres del Columbus Circe, situadas frente a Central Park, en cuya construcción se ha seguido utilizando el acero, pero en las que las estructuras básicas están protegidas por hormigón.

LOS ANTEPROYECTOS

Los condicionantes urbanísticos de la ficha técnica de la parcela dentro del Plan General de Madrid, el uso de hormigón de alta resistencia en el diseño y cálculo del edificio, el criterio de máxima eficiencia inmobiliaria, la calidad arquitectónica y el deseo de un edificio elegante, sobrio y sobre todo seguro, fueron las condiciones impuestas a los participantes en el concurso internacional convocado para la selección del proyectista.

Tras una cuidada selección de diez de los estudios de arquitectura más prestigiosos del mundo, todos ellos expertos en edificación en altura, y de un amplio trabajo de documentación realizado por los responsables de Grupo Villar Mir sobre las obras de dichos estudios, se invitó a cuatro de ellos a participar en el concurso internacional de ideas, convocado en mayo de 2001 y dirigido por el vicepresidente del Grupo, Juan Villar-Mir de Fuentes.

Para los responsables de Grupo Villar Mir, la propuesta del estudio neoyorquino Pei Cobb Freed & Partners, que contaba en su haber con una amplísima experiencia en la construcción de edificios de gran altura en todo el mundo y de construcciones monumentales tan emblemáticas como la célebre Pirámide del Musée du Louvre, combinaba la sobriedad y elegancia clásicas con la arquitectura de vanguardia. Los diedros y las aristas que crea la fachada otorgan a la torre una forma orgánica bellísima desde un punto de vista escultural. Junto con la alta calidad arquitectónica y las singularidades formales del edificio, otro de los motivos que llevó al estudio neoyorquino a ganar el concurso fue la eficiencia inmobiliaria que encierra la concepción estética de su proyecto. El hecho de que la torre vaya perdiendo núcleos, al reducirse la superficie de las plantas según se eleva en altura siguiendo la función matemática coseno, hace de ella un edificio más eficiente que si su núcleo fuera de sección constante. Este diseño da la posibilidad de aprovechar más metros útiles en altura, al mismo tiempo que dota a cada planta de características únicas, pues ninguna de las plantas de Torre Espacio es igual a otra. Los arquitectos eran conscientes del carácter arriesgado del planteamiento conceptual de su proyecto, debido a que los promotores suelen mostrarse reacios a este sistema de pérdida de núcleos. Sin embargo, para Grupo Villar Mir el diseño de Pei Cobb Freed & Partners otorgaba un valor añadido a Torre Espacio: permitir a los futuros inquilinos tener una identidad propia.

LÍNEAS MAESTRAS DEL DISEÑO DE TORRE ESPACIO

Además de reavivar el perfil urbano de Madrid, Torre Espacio está concebida para potenciar el entorno en el que se incorpora ya que es, junto a las tres torres vecinas, el edificio más prominente de la ciudad.

La torre se eleva desde una base cuadrada, de 1.620 m2, y evoluciona grácilmente hacia una planta final con forma de huso o de ojo abierto de 1.240 m2. Esta figura se consigue a través de la intersección de dos arcos de circunferencia de 90º. A medida que va ganando altura varía el grado de curvatura de la torre, lo que proporciona una sensación de energía atractiva, como si se tratara de un organismo vivo que nace de la tierra sobre la que se erige.

La forma aquí descrita podría  ser esculpida fácilmente a partir de un bloque de piedra. Pero, siendo una obra arquitectónica y no escultórica, las superficies curvas entrelazadas que lo definen deben construirse a partir de multitud de paneles fabricados y ensamblados de forma individual. De ahí surge la necesidad de adoptar un orden geométrico que pueda racionalizar y facilitar la transición desde un cuadrado a un huso. Los arquitectos del estudio Pei Cobb Freed & Partners encontraron este orden partiendo de dividir el edificio por cuarenta y cuatro planos horizontales equidistantes cada cuatro metros, subdividiendo posteriormente cada uno de los sectores circulares de la planta en un número igual de segmentos radiales. Las intersecciones de los sucesivos planos en altura con los sucesivos segmentos en planta definen una serie de puntos a lo largo de una curva vertical, que es precisamente la función coseno.

Una característica importante de esta curva es que, al tiempo que simplifica el proceso de fabricación y montaje del muro cortina, su grado de curvatura no es constante sino que cambia gradualmente a lo largo de toda la altura, y cambia también siguiendo un orden matemático que, en este caso, es la función seno. Esto hace de Torre Espacio un edificio en movimiento único en el mundo, con un movimiento racional y armónico probablemente irrepetible. En la base de la torre la geometría circular integrada en su planta cuadrada irradia hacia el exterior, generando un vigoroso entramado de zonas pavimentadas y ajardinadas que embellecen sobremanera el entorno, integrándose en el resto del conjunto denominado Cuatro Torres.

El resultado es el de una torre sumamente esbelta, que en su gesto posee vigor y gracia. Un espectacular vínculo de unión entre el suelo y el cielo, que tiene la misma cualidad que ha venido desarrollando con extraordinaria constancia Pei Cobb Freed & Partners en sus proyectos: la capacidad de abordar la pequeña escala con la misma atención con la se propone el impacto urbano de gran envergadura.

UN ENTORNO DE TRABAJO VANGUARDISTA Y TECNOLÓGICO

Con una altura de 236 metros, equivalente a 57 plantas sobre rasante, y 56.250 m2 computables, Torre Espacio se erige en uno de los entornos de trabajo más representativos y atractivos de España y de Europa. Es un edificio inteligente, definido por la búsqueda de ahorro energético y el empleo de la más avanzada tecnología en sus instalaciones. En Torre Espacio todo es inalámbrico y asignable por ordenador, lo que lleva consigo una optimización del consumo de energía.

El sistema de climatización, denominado “techo frío”, contribuye en gran medida a maximizar el ahorro energético. Se trata de un sistema híbrido aire-agua con aire exterior de ventilación por falso suelo y paneles y viga fría en el techo. A este sistema, que ya comienza a emplearse en los edificios de más alto nivel de Europa y Estados Unidos, va conectada la fachada, uno de los elementos más innovadores de Torre Espacio. Es una fachada activa, de doble piel de vidrio, con persianas microperforadas incorporadas. El sistema de control domótico de las persianas, que se adapta a las condiciones exteriores, permite controlar la luminosidad individualmente en cada uno de los despachos, así como los reflejos y la aportación energética solar de la fachada, regulando automáticamente la temperatura. Asimismo, la concepción arquitectónica de ésta permite que se mantenga un alto ratio de luz natural en todos los puntos de las oficinas.

Otro de los aspectos reseñables del edificio es el de la comunicación vertical, que se ha resuelto con la instalación de veintisiete ascensores de la firma Schindler. El acceso a las distintas plantas de oficinas se realiza mediante tres baterías de seis ascensores cada una, con capacidad para 21 personas, lo que hace que teóricamente 378 personas puedan acceder simultáneamente a sus puestos de trabajo. Los ascensores viajan entre 2,5 y 7m/sg (entre 9 y 25 km/h) en función del tercio del edificio elegido; el tiempo empleado en el recorrido más largo, que es de 216 metros, es de sólo 31 segundos.

Centro de proceso de datos (CPD). Torre Espacio cuenta con una sala acondicionada para el alojamiento de equipos informáticos (housing) o simplemente aplicaciones informáticas (posting). 

Telecomunicaciones. La infraestructura de telecomunicaciones que se ha diseñado permite a los usuarios de Torre Espacio la conexión a una red informática inalámbrica (wifi) en las áreas de descanso. Torre Espacio dispone de una red multiservicio con gran capacidad para facilitar todas las comunicaciones de voz y datos. Se trata de un cableado vertical multipar de cobre y cable de fibras ópticas multimodo que permite la distribución de las señales de voz, datos y vídeo a través de una red en estrella desde el centro repartidor hasta los armarios de cada usuario instalados en todas las semiplantas. La instalación permite velocidades de transmisión de hasta 10 Gb/s.

CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL EDIFICIO

Las 57 plantas que conforman Torre Espacio se adecúan a la siguiente distribución interior:

Accesos: El principal acceso peatonal a la torre es desde el Paseo de la Castellana y a través de la plaza de nueva urbanización, accediendo por las fachadas este y sur del edificio. El acceso de vehículos al parking se realiza desde un viario subterráneo, perimetral a las parcelas que conforman el conjunto de Cuatro Torres. Las entradas y salidas del aparcamiento están a nivel de la planta sótano 2.

Vestíbulo: Desde un imponente atrio exterior, se entra al edificio a través de un vestíbulo con dos puertas giratorias, situado en las fachadas este y sur de la torre, o bien a través de un núcleo de cuatro ascensores que emergen del aparcamiento subterráneo. En este vestíbulo principal, de 12 m de altura, se ubican dos mostradores de recepción. Considerado como un espacio de transición entre las plantas sobre rasante y los sótanos, este vestíbulo es la principal vía de acceso a las diferentes zonas del edificio, por lo que se han previsto dos puntos de control de seguridad.

Núcleos de comunicaciones: La estructura de la torre y su tráfico en sentido vertical se descompone en tres núcleos de comunicaciones: uno central y dos laterales. En el vestíbulo principal se organizan las circulaciones horizontales y verticales; estas últimas se agrupan en cuatro baterías o grupos de ascensores. El primer grupo está formado por cuatro ascensores que sirven a los seis sótanos del parking. Las otras tres baterías restantes tienen seis ascensores cada una que sirven a todas las plantas de oficinas del edificio, descompuestas en tercios. El núcleo, además de los ascensores públicos, alberga los servicios, los patinillos técnicos de instalaciones y dos montacargas de bomberos y de servicio. A través de los vestíbulos de los ascensores, se accede a la parte posterior del edificio, que es de carácter singular y está destinada al uso común. Esta zona consta de tres entreplantas organizadas alrededor de un atrio triangular de 12 m de altura, con un ascensor panorámico, una espectacular escalera helicoidal y un atrio de triple altura.

Plantas subterráneas: Fuera de la huella de la torre, y ocupando toda la superficie del solar, se ha construido el aparcamiento general, con 1.170 plazas distribuidas en seis sótanos.

Plantas tipo de oficinas: Estas plantas han sido diseñadas con el fin de ofrecer la máxima flexibilidad para diferentes tipologías de oficinas. El módulo tipo, tanto de fachada como de falso techo, es de 1,20 m, permitiendo el uso como planta abierta para oficinas paisaje o bien como despachos compartimentados en diferentes configuraciones.

Plantas de uso común o “Sky Lobbies”: En las plantas 18 y 33 del edificio se encuentran las zonas de transbordo entre baterías de ascensores de zona baja a zona media, y de ésta a la zona alta. El intercambio del tráfico de ascensores en estas plantas se produce a través de dos atrios de doble altura (8 m), los cuales, aparte de tener la función de intercambio de ascensores, están destinados a la restauración, el ocio y descanso de los usuarios del edificio.

Plantas técnicas: Torre Espacio cuenta con cinco plantas técnicas sobre rasante y dos plantas técnicas subterráneas, ubicadas en los sótanos 6 y 2, donde se aloja la maquinaria de climatización, transformadores, equipos anti incendio y resto de equipos e instalaciones que dan servicio a todo el edificio.